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martes, 22 de marzo de 2011

La ONU aprueba al fin la intervención en LIbia

PABLO CAÑO
Después de que el pasado 17 de marzo la ONU aprobara la intervención militar en Libia, los primeros ataques empiezan a mermar ya a las fueras del coronel Gafadi. En principio, la resolución establece sólo una zona de exclusión aérea en Libia, pero no se descarta una futura ayuda militar al bando rebelde. España ha puesto a disposición de la coalición cuatro aviones F-18, un avión cisterna, un avión de vigilancia marítima, una fragata y un submarino. Según el Gobierno, la guerra de Libia costará 25 millones de euros al país.



Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos se han puesto al frente de un operativo, que todo parece indicar, tiene como objetivo final llevar la democracia a Libia y derrocar al dictador Gadafi. Aunque las primeras medidas adoptadas tienen como único objetivo evitar una masacre del pueblo libio. Además de los tres países citados, España, Bélgica, Holanda, Canadá, Dinamarca y Noruega se incorporarán a la misión. Varios países árabes también han dado su visto bueno. Por el contrario, Brasil y Alemania se abstuvieron.



España tiene mucho que perder en esta guerra. Libia es su tercer suministrador de petróleo, además de uno de sus principales importadores de armas. Por otra parte, Francia, que parece haberse puesto al mando de las operaciones, se juega gran parte de su prestigio en la intervención y Estados Unidos, que apenas tiene intereses en el país, ve ahora como su viejo deseo de derrocar al dictador puede al fin verse cumplido. Gadafi, que hasta hace pocas semanas era adorado por occidente, ve ahora como sus días en el poder pueden tener las horas contadas.



miércoles, 23 de febrero de 2011

La hora del cambio

Hablar de Gadafi es hablar de un dictador que lleva más de 41 años en Libia. El país vive en estos unas revueltas sin precedentes que están a punto de acabar con el régimen del tirano. Sin embargo, lo que es inevitable es el baño de sangre que se está produciendo. El levantamiento del pueblo ha provocado que los militares actúen con una dureza extrema, sin concesiones

Los países europeos ya han tomado cartas en el asunto y ha pedido a todos sus ciudadanos que abandonen la zona, ya que las noticias que llegan desde Bengasi y Trípoli no son nada halagüeñas. El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ya ha puesto en marcha la operación para evacuar a los habitantes que allí se encuentran.

Además, las empresas nacionales ya han decidido interrumpir su servicio en Libia. Por ejemplo, la mayor petrolera del país, Repsol YPF comunicó por medio de un comunicado que se va a suspender las operaciones en el país.

martes, 22 de febrero de 2011

Gadafi ya no hace gracia

PABLO CAÑO
Gadafi se resiste a dar su brazo a torcer. Los rebeldes controlan el este y han iniciado las revueltas al oeste del país, sin embargo, Trípoli permanece en manos del dictador. Mercenarios y soldados fieles a Gadafi controlan la capital con órdenes de liquidar a todo aquel contrario al líder libio. El terror se ha apoderado de la ciudad a la espera de la gran batalla final. Es necesario que la capital caiga para que la revolución triunfe, pero todos saben que el camino va a ser difícil y sangriento.

La comunidad internacional estudia estos días posibles sanciones al régimen libio, pero estas sanciones se retrasan ante el temor de que cualquier aprobación dispare el precio del petróleo, que ha alcanzado ya niveles récord. Europa teme además que sus negocios en el país se vean afectados. Estados Unidos por su parte, prefiere por el momento mantenerse al margen, sabedor de que Europa tiene mucho más que perder.

Gadafi lleva desde 1969 gobernando su país, aunque oficialmente no ocupa ningún cargo. El llamado “líder de la revolución” fue acusado en un principio de colaborar con organizaciones terroristas. En 1986 Estados Unidos bombardeó Trípoli con el objetivo de derrocarle. Pero Gadafi cambió de postura, y en los últimos años el dictador estrechó sus lazos con occidente. España, Italia, Francia o Reino Unido, entre otros, le recibieron como a un líder más. Entonces se convirtió en un personaje simpático cuya peculiar forma de vida hacía gracia. Hoy su pueblo ha dicho basta tras más de 40 años de hambre y miseria.